Hoy conocemos la historia de Romina en primera persona, os dejo lo que ella me ha contado, desde el sillón de las confesiones.
Hay decisiones que no se toman con la cabeza. Se sienten.
Durante años, seguí el camino que la sociedad etiqueta como "correcto". Estudié Derecho, me formé y ejercí una profesión que me prometía estabilidad y un futuro seguro. Durante un tiempo, funcionó. Pero entonces, la vida me presentó el cambio más profundo de todos: la maternidad.
Ser madre no solo transformó mi rutina, sino mi forma de mirar el mundo. De repente, el tiempo dejó de ser algo que simplemente transcurría para convertirse en un tesoro que no quería perder. Fue ahí donde comenzó un conflicto silencioso. Sabía que podía seguir ejerciendo como abogada, pero también entendía el precio: perderme el crecimiento de mi hijo y esos pequeños momentos que, al final, lo son todo.
El vértigo de parar
Decidí parar. Y detenerse, después de años de inercia, da miedo. Dejar atrás una profesión y una identidad construida es como quedarse suspendida en el aire, sin saber dónde vas a caer. Sin embargo, una voz interna me pedía confianza, aunque el panorama no estuviera claro.
Con el tiempo, mi hijo empezó el colegio y llegó un nuevo ritmo. En ese silencio, apareció un vacío inesperado. Me di cuenta de que, además de madre, yo seguía ahí, con mis propias inquietudes y ganas de encontrar un nuevo lugar en el mundo.
La búsqueda y el reencuentro
Inicié mi transición formándome como asistente virtual. Fue un paso necesario, pero sentía que algo seguía faltando. Estaba cerca, pero no en el lugar correcto. Hasta que, sin forzarlo, todo cobró sentido: las redes sociales, el contenido y las historias.
Siempre habían estado ahí, pero nunca me había permitido verlas como una oportunidad real. Al hacerlo, las piezas encajaron. Descubrí que mi verdadera pasión es contar lo que otros no saben cómo expresar, dar forma a las ideas, poner orden en el mensaje y crear desde lo emocional para conectar a través de la escritura.
Mi propósito hoy
Ese descubrimiento me llevó a formarme como Community Manager. Más que una nueva profesión, fue un reencuentro conmigo misma. Hoy, mi trabajo consiste en acompañar a marcas y profesionales a encontrar su propia voz. Los ayudo a comunicar mejor y a contar su historia sin ruido, pero con sentido.
Sé lo que es sentirse perdida y lo que implica empezar de cero. Pero también sé lo que se siente al estar, por fin, en el sitio adecuado. Si algo he aprendido en este viaje es que la vida no se trata de seguir ciegamente el camino que elegiste a los 18 años. Se trata de atreverse a escuchar lo que tu interior te pide, sin importar que el llamado llegue un poco más tarde.
Porque cuando finalmente te escuchas, todo cobra sentido.