Esta es la crónica de un viaje que es, en realidad, un ascenso por tres niveles: el histórico, el espiritual y el salvaje. Visitar Covadonga no es ir a ver un monumento, es entrar en el salón de la casa de Asturias.
Aquí tienes el recorrido diseñado a mi manera, paso a paso:
1. El Portal: El Real Sitio de Covadonga
Antes de subir a los lagos, te detienes en el valle. Aquí el aire cambia; hay una mezcla de humedad de bosque y olor a cera de promesas.
La Santa Cueva: Olvida las catedrales de mármol, esta es una catedral de roca viva. La Santina (la Virgen de Covadonga) descansa en un hueco de la montaña, custodiada por los restos de Don Pelayo. Es un lugar que impone silencio incluso a los no creyentes. Debajo, la "Fuentina" de los siete caños recoge el agua que cae directamente de la montaña. Dice la leyenda que quien bebe de todos sus caños sin respirar, se casa en un año. Avisado quedas.
La Basílica de Santa María la Real: Es ese castillo rosa que parece sacado de un cuento de hadas alemán, pero plantado en medio de los Picos de Europa. Se construyó con piedra caliza rosa de la zona, lo que hace que brille de forma casi irreal cuando le da el sol tras una tormenta.
2. El Ascenso: La Carretera de las Nubes
Dejas atrás el Santuario y empiezas a subir. Son 11 kilómetros de curvas que serpentean por la ladera. A medida que subes, los árboles desaparecen y dejan paso al matorral y a la roca desnuda.
El Mirador de la Reina: Es la parada obligatoria a mitad de camino. Desde aquí, si el día está despejado, puedes ver el Cantábrico a lo lejos, una línea azul que contrasta con el verde furioso de los valles asturianos.
3. El Corazón: El Reino de los Lagos
Al llegar arriba, el mundo se abre. Ya no hay coches (si vas en bus lanzadera), solo el sonido de los cencerros.
Lago Enol: Es el primero que te recibe. Es solemne y vasto. En su interior, a unos 8 metros de profundidad, vive la imagen de la Virgen que los buzos sacan cada 8 de septiembre. Es un lago que parece guardar secretos.
Mirador de Entrelagos: Tienes que subir la pequeña loma que separa el Enol del Ercina. Es el esfuerzo que más recompensa da en toda Asturias: desde la cima, giras la cabeza y tienes el Enol a la izquierda y el Ercina a la derecha, con las cumbres calizas de los Picos de Europa al fondo. Es la foto de postal, pero el viento y el frío en la cara te recuerdan que es real.
Lago Ercina: Es más juguetón, menos profundo y suele estar rodeado de vacas que te miran con una indiferencia absoluta mientras intentas esquivar sus "regalos" en el césped.
4. El rastro del hombre: Minas de Buferrera
Mucha gente se queda en la orilla del lago, pero si caminas un poco más, llegas a las antiguas Minas de Buferrera. Son túneles y vagonetas abandonadas donde antaño se extraía hierro y manganeso. Caminar por esos túneles excavados a mano te hace valorar la dureza de la vida en estas cumbres antes de que llegáramos nosotros con nuestras cámaras de fotos.
Mi consejo personal para tu visita:
Si puedes, ve un día de niebla. Sé que suena raro, pero cuando la "borrina" (la niebla asturiana) baja y abraza los lagos, el lugar se vuelve fantasmagórico y mágico. Los sonidos se apagan y entiendes por qué los antiguos habitantes de estas tierras creían que en estas montañas vivían seres mitológicos.