El Fantasma de la Ópera ha sido una de las historias más influyentes y adaptadas de la historia del cine. Desde el mítico filme mudo de 1925 protagonizado por Lon Chaney, su mezcla de terror gótico, melodrama romántico y tragedia ha marcado profundamente la estética del cine de horror y de los relatos de monstruos incomprendidos. La imagen del fantasma enmascarado, oculto en las catacumbas de la ópera, se convirtió en un icono visual que inspiró a generaciones de directores, diseñadores de producción y maquilladores.
Su repercusión se nota en la forma en que el cine explora la dualidad belleza/monstruo, el amor obsesivo y el artista marginado. Además, las posteriores versiones musicales y cinematográficas consolidaron el puente entre el cine clásico de terror y el cine musical, demostrando que una misma historia puede reinterpretarse en distintos géneros y épocas sin perder su fuerza emocional. Gracias a estas adaptaciones, El Fantasma de la Ópera sigue siendo una referencia obligada cuando se habla de cine de culto, narrativa gótica y grandes mitos románticos de la gran pantalla.